La pintura italiana de los siglos XVII y XVIII está marcada por la contraposición de dos corrientes fundamentales del Barroco: el naturalismo revolucionario de Caravaggio, con el uso dramático de la luz y un realismo directo, y el clasicismo de los Carracci, basado en el equilibrio compositivo y la armonía formal. 

Esta sesión explora la influencia de ambos lenguajes en los pintores coetáneos y cómo su legado se proyectó en los artistas del siglo XVIII, dando paso a nuevas formas de expresión: desde las intensas imágenes religiosas, llenas de emoción y devoción, hasta las grandes composiciones mitológicas dirigidas a una clientela culta, pasando por el surgimiento del vedutismo, que convierte la representación del paisaje urbano en un género autónomo y moderno. 


Profesora: Susana Blas.