La pintura italiana de los siglos XV y XVI se desarrolla en un contexto de fragmentación política y profundo dinamismo cultural, en el que las ciudades se convierten en centros artísticos con lenguajes propios. El humanismo sitúa al ser humano en el centro de la imagen y redefine la relación con la Antigüedad clásica, favoreciendo nuevas formas de representación. A través de las obras de la colección, se evidencia la evolución desde el equilibrio y la claridad del Quattrocento florentino hasta la primacía del color y la experiencia sensorial del Cinquecento veneciano, entendiendo la pintura como un reflejo de las tensiones sociales, políticas y culturales de la Italia renacentista.


Profesora: Teresa de la Vega.