Aragón-Azlor, descendiente de Juan II de Aragón y de Navarra (1398-1479) y perteneciente a una de las más importantes familias nobles españolas, había sido nombrado en 1763 agregado de la embajada de España en París. En la capital francesa frecuentó los salones ilustrados y comenzó a reunir una importante biblioteca y una amplia colección de estampas. Asimismo, hizo amistad con D’Alembert (1717-1783) y gracias a una carta de presentación de este último pudo visitar al anciano Voltaire (1694-1778) durante su retiro en el castillo de Ferney, cerca de Ginebra.

[Foto_09a y b: en horizontal, una al lado de la otra] En 1769 el duque de Villahermosa contrajo matrimonio con María Manuela Pignatelli (1753-1816), hija del embajador español en París. Dos años más tarde, adquirieron el palacio de Atri y encargaron al arquitecto Francisco Sánchez (1737-1800), discípulo de Ventura Rodríguez (1717-1785), dibujar sus plantas y alzados con vistas a una futura reforma. Cuando los duques regresaron a Madrid en 1773 el palacio seguía ocupado por el abate Pico y se vieron obligados a instalarse en otra residencia familiar, cerca del monasterio de la Encarnación.

[Foto_10a y b: en vertical, una debajo de la otra] En 1778 Aragón-Azlor fue nombrado embajador en Turín y le correspondió a María Manuela reclamar al abate Pico que entregase las llaves del palacio de Atri, algo que finalmente consiguió en 1782. Inmediatamente después, la duquesa solicitó a Juan de Villanueva (1739-1811) –autor del Gabinete de Historia Natural de Madrid, hoy Museo del Prado– presupuesto para la reforma del palacio. La reforma, todavía de poco calado, fue posiblemente llevada a cabo por Manuel Martín Rodríguez (1746-1823), sobrino y discípulo de Ventura Rodríguez.

[Foto_11] Fallecido Carlos III, su sucesor Carlos IV (1748-1819) concedió al duque de Villahermosa la orden del Toisón de Oro en 1789. De ese mismo año datan varios planos de una nueva reforma del palacio emprendida por Silvestre Pérez (1767-1825), también discípulo de Ventura Rodríguez, en esta ocasión para adaptar la fachada –todavía de dos plantas– al nuevo gusto neoclásico.

[Foto_12] Tras la muerte de Villahermosa, será María Manuela quien encargue la reforma definitiva del palacio. Los primeros planos fueron posiblemente diseñados por Antonio López Aguado (1764-1831), discípulo de Villanueva y autor, entre otros edificios, de la madrileña Puerta de Toledo. En ellos se contempla ya una ampliación del palacio tanto en planta –con trece vanos al Paseo del Prado y dos patios interiores– como en altura –con tres pisos–. Ahora bien, la entrada al palacio se sitúa todavía en la segunda crujía de Carrera de San Jerónimo, mientras que la fachada al jardín se restringe a nueve vanos –los mismos que en la Carrera de San Jerónimo.

[Foto_13 y 14; en horizontal, una al lado de la otra] Tras la vuelta en 1796 de Silvestre Pérez de su estancia de cinco años en Italia gracias a una pensión, este llevó a cabo un nuevo proyecto en el que el acceso al palacio se emplaza ya en el centro de la fachada de la Carrera de San Jerónimo. La fachada del Paseo del Prado ahora se amplía a dieciséis vanos y la del jardín –debido la irregularidad de la parcela– a trece. Asimismo, en él figuran tres patios centrales en vez de dos. Los últimos planos conocidos, –con dos patios centrales separados por una gran escalera monumental (que finalmente será sustituida por un oratorio)– fueron diseñados por López Aguado, autor del proyecto definitivo.

[Foto_15] Las obras comenzaron en 1805 y dos años más tarde la duquesa pudo ya habitar las primeras crujías colindantes con la Carrera de San Jerónimo. Poco después, conforme a la ordenanza que impedía que dos palacios –en este caso el de Villahermosa y el de Medinaceli– enfrentasen sus escudos, se completaba también la fachada norte con el escudo de la familia. Debajo de éste, en el frontón, todavía se puede leer la siguiente inscripción: “IN EODEM LOCO, ARTIS PERFECTIONEM ET NATURAE OBLECTAMENTUM MARIA EMMANUELA, DUCISSA DE VILLA-HERMOSA, CONSOCIAVIT” [En este lugar, María Manuela, duquesa de Villahermosa, concertó la perfección del arte y el deleite de la naturaleza].

El palacio durante la guerra de la Independencia y reinado de Fernando VII
 

[Foto 16]_Poco pudo disfrutar la duquesa de su palacio. El estallido de la guerra de la Independencia en mayo de 1808 la obligó a refugiarse en una modesta vivienda de la ciudad, residencia de la viuda de un antiguo contador de la casa. Cuando en septiembre las tropas francesas plantaron sus baterías en el Retiro, el palacio de Villahermosa fue uno de los primeros en ser saqueados. Uno de los hijos de la duquesa pereció en el sitio de Zaragoza. El otro, José Antonio, fue apresado y conducido a Nancy durante cinco años. Si bien María Manuela regresó al palacio de Villahermosa en 1810, ya solo tuvo fuerzas para adecentar el oratorio, su alcoba y unas pocas habitaciones contiguas, donde residió hasta su muerte.

[Foto_17] Su hijo, José Antonio de Aragón-Azlor, XIII duque de Villahermosa (1785-1852), regresó a Madrid en 1814, y se destacó como uno de los más firmes defensores de Fernando VII (1784-1833). En 1823 José Antonio acogió en el palacio de Villahermosa a Luis Antonio de Borbón y Saboya, duque de Angulema (1775-1844), llegado a Madrid junto a los llamados Cien Mil Hijos de San Luis para poner fin al Trienio Liberal y devolver el poder a Fernando VII. Al poco tiempo Aragón-Azlor fue nombrado embajador en Portugal y, más tarde, en París.

A su regreso definitivo a Madrid en 1828, José Antonio pidió una tasación del palacio y de los jardines adyacentes (que incluían por entonces 998 álamos negros, 46 cipreses, 24 laureles, 22 higueras, 18 tejos, etc.). A raíz de esa tasación –estimada en más de 9.500.000 reales (80.000 reales de renta anual)– el duque comenzó a arrendar algunas zonas del palacio. Posiblemente fue también poco después –coincidiendo con la desamortización de Mendizábal (1836-1837), la demolición del vecino convento del Espíritu Santo (1843) y la construcción del Congreso de los Diputados (1843-1850)–, cuando el duque vendió gran parte del jardín original, permitiendo con ello la prolongación de la calle del Sordo –actual calle de Zorrilla– hasta el Paseo del Prado.

El palacio de Villahermosa como sede del Liceo Artístico y Literario


En 1839, dos años después de su fundación, el Liceo Artístico y Literario de Madrid comenzó a desarrollar sus actividades en la planta principal del palacio de Villahermosa, gracias a un acuerdo de alquiler con José Antonio de Aragón-Azlor. Amparado por Isabel II (1830-1904) y secundado por destacados intelectuales –como los escritores Ramón de Mesonero Romanos (1803-1882) y José Zorrilla (1817-1893) y los pintores José Gutiérrez de la Vega (1791-1865), Antonio María Esquivel (1806-1857) y Genaro Pérez Villaamil (1807-1854)–, el Liceo se conviertióe en poco tiempo en una de las instituciones culturales más importantes del Romanticismo español.

[Foto_18] Lecturas poéticas, representaciones teatrales y exposiciones de pintura y escultura –precedentes estas últimas de las Exposiciones Nacionales–, eran algunas de las actividades destacadas de sus seis secciones de literatura, música, pintura, escultura, arquitectura y teatro. A ellas hay que sumar conciertos y recitales, como el del tenor italiano Giovanni Battista Rubini (1794-1854) en 1841, o el aún más memorable del pianista y compositor húngaro Franz Liszt (1811-1886) en 1844, del que todavía figura una placa conmemorativa en el exterior del edificio. El Liceo fue también famoso por sus bailes de carnaval, cuya temporada culminaba todos los años con el popular baile de la piñata.

[Foto_19] A partir de mediados de la década de los cuarenta, sin embargo, las secciones del Liceo se restringieron a cuatro –literatura, bellas artes, música y dramática– y sus actividades empezaron a no poder competir con las de otras instituciones, como el Teatro Real. Su cierre definitivo tuvo lugar en 1851. La muerte al año siguiente de del duque, pondrá fin al periodo de mayor esplendor del palacio.

Historia del edificio IV

El palacio de Villahermosa durante la segunda mitad del siglo XIX y la primera del siglo XX

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