[Foto_20] A José Antonio de Aragón-Azlor le sucedió su hijo Marcelino, XIV duque de Villahermosa (1815-1888). Formado en Madrid y París y dotado de una profunda vocación literaria, Marcelino de Aragón-Azlor fue erudito traductor de textos clásicos y ejerció como diputado y senador en varias legislaturas. Compañero de estudios de José Zorrilla en el seminario madrileño, Marcelino mantuvo una estrecha amistad con el poeta durante toda su vida y le ofreció una cómoda pensión en el palacio durante sus estancias en Madrid.

[Foto 21] Esta deferencia hacia el poeta fue continuada por la hija y heredera de Marcelino, María del Carmen de Aragón-Azlor, XV duquesa de Villahermosa (1841-1905). Casada en 1862 con el político José Manuel de Goyeneche, conde de Guaqui (1831-1893), María del Carmen fue patrona de las artes como su padre. Además de a Zorrilla, alojó en su palacio a María del Pilar de León, I marquesa de Squilache (hacia 1843-1915), anfitriona de una de las más famosas tertulias políticas y literarias del Madrid de entresiglos.

[Foto_22] María del Carmen falleció sin descendencia y el palacio de Villahermosa pasó entonces a un primo suyo, Francisco Javier de Aragón-Azlor, XVI de Villahermosa (1842-1919). Las caballerizas del palacio, sin embargo, recabaron en su cuñado, Juan Mariano de Goyeneche, III conde de Guaqui (1834-1924) y en la hermana de éste, María Josefa de Goyeneche, I duquesa de Goyeneche (1839-1926), quienes se hicieron construir sendos palacios: el de Goyeneche en 1915, y el de Guaqui –obra de Cesáreo Iradier (1862-hacia 1939)– en 1917.

[Foto_23] Por lo que respecta a las viejas casas del mayorazgo de los Vozmediano –en la confluencia de la Carrera de San Jerónimo con la calle del Turco (actual calle del Marqués de Cubas)–, fueron transformadas en 1929 en cinco edificios de viviendas de hasta siete plantas, con lo que el palacio de Villahermosa perdió parte de su antiguo protagonismo en esta zona de la ciudad.

De sucursal del Banco Comercial Transatlántico a sede principal de la Banca López Quesada


[Foto_24] Tras la Guerra Civil, el palacio todavía pertenecía a la titularidad de los duques de Villahermosa, aunque durante algún tiempo albergó el Sindicato Nacional del Combustible. En 1956, coincidiendo con el inicio del desarrollismo español, las dos primeras crujías de la planta baja colindantes con el Paseo del Prado fueron alquiladas al Banco Comercial Transatlántico para convertirlas en sucursal. Se rasgó uno de los viejos balcones del Paseo del Prado para convertirlo en la entrada y se tapió el paso al resto del inmueble. No obstante, el edificio conservaba aún la complicada ordenación interna heredera de la original. Así se podrá observar diez años más tarde, con motivo de un reportaje fotográfico de la revista Blanco y Negro (08-01-1966).

[Foto 25] En 1971 el palacio fue íntegramente vendido a la Banca López Quesada. Esta última, con el propósito de convertirlo en su sede central, encarga a Fernando Moreno Barberá (1913-1998) su reforma integral. Las obras comienzan dos años más tarde y se extenderán hasta 1976. Si bien se respetan las tres fachadas, se vacía el interior, se excavan tres plantas subterráneas y se construye una sala de operaciones central rodeada de una doble crujía perimetral. El acceso del público se establece, nuevamente, desde la Carrera de San Jerónimo, y el privado –reservado a la alta dirección y los miembros del consejo– desde el jardín.

[Foto_26] Ahora bien, en 1983 la Banca López Quesada quiebra y es controlada por el Fondo de Garantías de Depósitos, dependiente a su vez del Banco de España. Se baraja entonces que el palacio de Villahermosa pase a formar parte de la esperada ampliación del vecino Museo del Prado. De hecho, su interior llega a ser utilizado como sala de exposiciones de la pinacoteca madrileña y sede de las oficinas de la Fundación de Amigos del Prado. Pero finalmente se ofrece al barón Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza como futura ubicación de su colección.

Historia del edificio V

El palacio de Villahermosa como sede del Museo Thyssen-Bornemisza

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