El palacio de Atri

En 1746 la finca de la Carrera con el Prado de San Jerónimo fue adquirida por Margarita Leonor Pío de Saboya, duquesa viuda de Atri (1712-1760). Perteneciente a la familia Spínola –que desde el siglo xvi se había asentado en aquella parte de la ciudad–, Margarita Leonor había contraído matrimonio en 1726 con Domenico Acquaviva d’Aragona, XVII duque de Atri (hacia 1690-1745). Tras residir años en Nápoles –de donde era originaria la familia del duque–, la pareja buscó una nueva casa para instalarse en Madrid desde 1744. La muerte del duque al año siguiente no impidió la compra del inmueble.
 

Gian Battista Novelli, Planta baja del palacio de Atri, hacia 1756. Fondo Rabaglio, Archivio di Stato del Cantone Ticinifo, Bellinzona (Suiza)
Gian Battista Novelli, Planta baja del palacio de Atri, hacia 1756. Fondo Rabaglio, Archivio di Stato del Cantone Ticino, Bellinzona (Suiza)

En 1748 la duquesa viuda de Atri volvió a contraer nupcias –esta vez secretas– con Alessandro Pico della Mirandola (1705-1787). Conocido popularmente como el abate Pico por sus vestimentas aunque nunca fue sacerdote, Pico della Mirandola triunfará en la corte como libretista de ópera y llegará a ostentar el cargo honorífico de “sumiller de cortina” del monarca.

Volviendo a la vivienda de la Carrera con el Prado de San Jerónimo, en 1754 la duquesa viuda de Atri y el abate Pico encargaron su renovación al arquitecto italiano Vigilio Rabaglio (1711-1800). Colaborador de Giacomo Bonavia (1695-1759) y Giovanni Battista Sacchetti (1690-1764) y autor del palacio de Riofrío (1751), Rabaglio edificó entonces un modesto palacio de dos plantas y estilo rococó, cuya fachada principal, con acceso por la segunda crujía, seguía dando a la Carrera de San Jerónimo. La relevancia de la otra orientación del palacio –la del Prado de San Jerónimo– se vería incrementada poco después con la reforma del Prado Viejo emprendida por Carlos III (1716-1788), para convertirlo en un paseo, esto es, lo que vino a llamarse el Paseo del Prado.

Fallecida la duquesa viuda de Atri, el palacio pasó a las manos del abate Pico, quien en 1771 lo vendió a Juan Pablo de Aragón-Azlor, XI duque de Villahermosa (1730-1790). Ahora bien, el abate estipuló en la escritura que podría seguir residiendo en él mientras viviera a cambio de un alquiler. De hecho, no fue hasta once años más tarde cuando entregó las llaves.

Virgilio Rabaglio (atribuido a): Detalle de azado y sección de la fachada del palacio de Atri, hacia 1756. Fondo Rabaglio, Archivio di Stato del Cantone Ticino, Bellinzona (Suiza)
Virgilio Rabaglio (atribuido a): Detalle de azado y sección de la fachada del palacio de Atri, hacia 1756. Fondo Rabaglio, Archivio di Stato del Cantone Ticino, Bellinzona (Suiza)


El palacio de Villahermosa

Aragón-Azlor, descendiente de Juan II de Aragón y de Navarra (1398-1479) y perteneciente a una de las más importantes familias nobles españolas, había sido nombrado en 1763 agregado de la embajada de España en París. En la capital francesa frecuentó los salones ilustrados y comenzó a reunir una importante biblioteca y una amplia colección de estampas. Asimismo, hizo amistad con D’Alembert (1717-1783) y gracias a una carta de presentación de este último pudo visitar al anciano Voltaire (1694-1778) durante su retiro en el castillo de Ferney, cerca de Ginebra.

En 1769 el duque de Villahermosa contrajo matrimonio con María Manuela Pignatelli (1753-1816), hija del embajador español en París. Dos años más tarde, adquirieron el palacio de Atri y encargaron al arquitecto Francisco Sánchez (1737-1800), discípulo de Ventura Rodríguez (1717-1785), dibujar sus plantas y alzados con vistas a una futura reforma. Cuando los duques regresaron a Madrid en 1773 el palacio seguía ocupado por el abate Pico y se vieron obligados a instalarse en otra residencia familiar, cerca del monasterio de la Encarnación.

En 1778 Aragón-Azlor fue nombrado embajador en Turín y le correspondió a María Manuela reclamar al abate Pico que entregase las llaves del palacio de Atri, algo que finalmente consiguió en 1782. Inmediatamente después, la duquesa solicitó a Juan de Villanueva (1739-1811) –autor del Gabinete de Historia Natural de Madrid, hoy Museo del Prado– presupuesto para la reforma del palacio. La reforma, todavía de poco calado, fue posiblemente llevada a cabo por Manuel Martín Rodríguez (1746-1823), sobrino y discípulo de Ventura Rodríguez.

Silvestre Pérez: Casa de la duquesa de Villahermosa, Alzados de las fachadas, 1789. Museo de Historia, Ayuntamiento, Madrid
Silvestre Pérez: Casa de la duquesa de Villahermosa, Alzados de las fachadas, 1789. Museo de Historia, Ayuntamiento, Madrid

Fallecido Carlos III, su sucesor Carlos IV (1748-1819) concedió al duque de Villahermosa la orden del Toisón de Oro en 1789. De ese mismo año datan varios planos de una nueva reforma del palacio emprendida por Silvestre Pérez (1767-1825), también discípulo de Ventura Rodríguez, en esta ocasión para adaptar la fachada –todavía de dos plantas– al nuevo gusto neoclásico.

Tras la muerte de Villahermosa, será María Manuela quien encargue la reforma definitiva del palacio. Los primeros planos fueron posiblemente diseñados por Antonio López Aguado (1764-1831), discípulo de Villanueva y autor, entre otros edificios, de la madrileña Puerta de Toledo. En ellos se contempla ya una ampliación del palacio tanto en planta –con trece vanos al Paseo del Prado y dos patios interiores– como en altura –con tres pisos–. Ahora bien, la entrada al palacio se sitúa todavía en la segunda crujía de Carrera de San Jerónimo, mientras que la fachada al jardín se restringe a nueve vanos –los mismos que en la Carrera de San Jerónimo.

Tras la vuelta en 1796 de Silvestre Pérez de su estancia de cinco años en Italia gracias a una pensión, este llevó a cabo un nuevo proyecto en el que el acceso al palacio se emplaza ya en el centro de la fachada de la Carrera de San Jerónimo. La fachada del Paseo del Prado ahora se amplía a dieciséis vanos y la del jardín –debido la irregularidad de la parcela– a trece. Asimismo, en él figuran tres patios centrales en vez de dos. Los últimos planos conocidos, –con dos patios centrales separados por una gran escalera monumental (que finalmente será sustituida por un oratorio)– fueron diseñados por López Aguado, autor del proyecto definitivo.

Por lo que al coleccionismo se refiere, Heinrich llevó a cabo sus primeras adquisiciones importantes a finales de los años veinte, tras la muerte de su padre. Su intención era crear una colección panorámica, semejante a las de los grandes museos alemanes y, muy especialmente, a la de la Alte Pinakothek de Múnich, que le sirvió de modelo.
 

Antonio López Aguado: Casa de la duquesa de Villahermosa. Fachada al jardín, 1805. Museo de Historia, Ayuntamiento, Madrid
Gian Battista Novelli, Planta baja del palacio de Atri, hacia 1756. Fondo Rabaglio, Archivio di Stato del Cantone Ticino, Bellinzona (Suiza)

Las obras comenzaron en 1805 y dos años más tarde la duquesa pudo ya habitar las primeras crujías colindantes con la Carrera de San Jerónimo. Poco después, conforme a la ordenanza que impedía que dos palacios –en este caso el de Villahermosa y el de Medinaceli– enfrentasen sus escudos, se completaba también la fachada norte con el escudo de la familia. Debajo de éste, en el frontón, todavía se puede leer la siguiente inscripción: “IN EODEM LOCO, ARTIS PERFECTIONEM ET NATURAE OBLECTAMENTUM MARIA EMMANUELA, DUCISSA DE VILLA-HERMOSA, CONSOCIAVIT” [En este lugar, María Manuela, duquesa de Villahermosa, concertó la perfección del arte y el deleite de la naturaleza].

Historia del edificio III

Guerra de la Independencia y reinado de Fernando VII / Sede del Liceo Artístico y Literario / El palacio entre 1850 y 1950 

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