Hiperrealismo. 1967-2012
Del 22 de marzo al 9 de junio de 2013
Se recomienda la compra anticipada de entradas
< miradas cruzadas > 5: Juego de interiores. La mujer y lo cotidiano
Nueva instalación de la colección permanente
Del 26 de febrero al 2 de junio de 2013
Entre los temas que Jacob van Ruisdael trató, junto a las vistas de dunas, campos y bosques, se encuentran también las marinas, aunque en un número inferior. Cuándo empezó a pintar y a interesarse por este tema es una cuestión que ha sido ampliamente discutida. Para Stechow, Ruisdael lo inició en la década de los años sesenta, coincidiendo casi con su traslado a Amsterdam. Sin embargo, para Rosenberg, este asunto pudo incluirse en el repertorio del pintor en la década de los años cuarenta, en la que Slive propone sus años finales. En este capítulo, la crítica ha destacado los trabajos de dos precursores: Jan Porcelis, al que se debe la actualización de estas vistas, y su seguidor, Simon de Vlieger; referentes ambos que Ruisdael tuvo en cuenta al abordar sus marinas. Estas telas o bien fueron encargos específicos o se destinaron al mercado de arte.
Ruisdael sigue en este óleo un esquema que repetirá en otras marinas pero variando sus elementos. Así, el cielo, con nubes de gran volumetría, adquiere un protagonismo que le lleva a ocupar más de tres cuartas partes de la superficie, mientras el mar se reduce a una estrecha franja. El agua, en vez de ofrecer un aspecto tranquilo se mueve en olas, que el viento levanta con más o menos intensidad, mientras empuja con ímpetu las velas de los barcos inclinando sus cascos. A veces, en el horizonte, Ruisdael coloca una banda de tierra difuminada donde se intuyen las formas de una ciudad, así como enclaves rocosos o señales marítimas elaboradas con palos, como vemos en este caso a la derecha. Sus barcos, veleros y botes suelen situarse en la media distancia o en la lejanía, y deja los primeros planos para mostrar un mar encrespado, en el que la luz del sol pocas veces se refleja en los términos más próximos al espectador, que casi siempre permanecen en sombra, y que en los últimos planos alterna con bandas de luz con las que crea fuertes contrastes. En este caso, la mancha que proyecta la nube en el agua ocupa una amplia extensión en «s» que afecta al velero mayor, al que sirven de contrapunto las señales marítimas donde rompen las olas.
Gaskell mencionó la semejanza de este lienzo con otro del pintor inglés Turner titulado Puerto Ruysdael (Yale Centre for British Art en New Haven). Sobre su parecido apuntó la posibilidad de que Turner hubiera visto el óleo mientras estuvo en Londres, pues allí permaneció desde 1817 y se subastó en dos ocasiones. De este conjunto de pinturas de Ruisdael se ha hecho también una segunda lectura, por la que las señales marítimas compuestas por maderos para indicar a los barcos lugares seguros donde atracar en los mares encrespados podían aludir al viaje de la vida y a Cristo como el puerto seguro donde anclar.
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