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Hiperrealismo. 1967-2012

Del 22 de marzo al 9 de junio de 2013

Se recomienda la compra anticipada de entradas

Autor:
Tom Blackwell
Título:
Triumph Trumpet
Fecha:
1977
Técnica:
Óleo sobre lienzo
Medidas:
180 x 180 cm.

Ubicacion:
Colección privada, Nueva York.
image © Tom Blackwell photo © Louis K. Meisel Gallery, New York

< miradas cruzadas > 5: Juego de interiores. La mujer y lo cotidiano

Nueva instalación de la colección permanente

Del 26 de febrero al 10 de junio de 2013

Autor:
Nicolas Maes
Título:
El tamborilero desobediente
Fecha:
c. 1655
Técnica:
Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. Nº INV. 241 (1930.56)

Colección Thyssen-Bornemisza

Autor:
Michael Andrews
Título:
Retrato de Timothy Behrens
Fecha:
1962
Técnica:
Óleo sobre cartón
Medidas:
122 x 122 cm
Úbicacion:
Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid
Numero de inventario
Nº INV. 451 (1979.84)

Más información sobre esta obra

Michael Andrews compartía con los demás miembros de la denominada Escuela de Londres un mismo interés por la figura humana y un profundo rechazo del naturalismo academicista. Estudió en la Slade School con William Coldstream, y se sintió atraído por el agnosticismo existencialista que le acercó por un tiempo a la obra de Francis Bacon y Alberto Giacometti y a los escritos de Kierkegaard.

Sólidamente enraizado en la tradición figurativa británica, Andrews pronto se interesó por el género del retrato. El Retrato de Timothy Behrens, de 1962, perteneciente a la colección del Museo Thyssen-Bornemisza, es una imagen de este joven pintor que estuvo vinculado durante un periodo con Bacon, Freud, Auerbach y Andrews, con los que aparece en una fotografía en un restaurante londinense en 1962, el mismo año en que posó para esta pintura. Al igual que otros retratos tempranos de Andrews, éste nos revela una considerable huella de la pintura de Francis Bacon. La técnica suelta y la introspección del personaje, aislado en medio del cuadro, son buena prueba de ello. Ahora bien, aunque Andrews se sentía impresionado por la emoción que produce la contemplación de las obras de Bacon, ante las que, según sus propias palabras, «se tiene la impresión de que hay alguien en la habitación junto a ti», él era un pintor mucho más contenido y nunca compartió su desbordamiento emocional.

Como ocurre en toda la producción del pintor, la luz adquiere en esta pintura una especial relevancia. Tal y como hacía notar Lawrence Gowing, el modelo, que más que posar parece ser captado en un instante efímero, «permanece quieto por un momento, mientras la luz —directa, difusa o reflejada— lo atraviesa y lo esculpe en colores, amarillo maíz y rosado, lo esculpe con su propia impaciencia, de forma precisa, donde la luz le golpea, de forma disuelta por el lado por el que se desvanece en la sombra, dejando (por ejemplo) en el lado oscuro un fleco desdibujado de dedos».

Paloma Alarcó



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