Si sólo conociéramos un cuadro de Magritte, nos parecería un enigma sin solución; una exposición de casi cien obras suyas nos permite empezar a entender sus métodos.

El propio artista explicaba:

Desde mi primera exposición, en 1926 [...] he pintado un millar de cuadros, pero no he concebido más que un centenar de esas imágenes. Este millar de cuadros es el resultado de que he pintado con frecuencia variantes de mis imágenes: es mi manera de precisar mejor el misterio, de poseerlo mejor.

Esta producción basada en la repetición, la variación y la combinación de unos pocos motivos figurativos es lo que llamamos  "la máquina Magritte". En esta muestra hemos procurado incluir distintas versiones de algunos de sus motivos más icónicos.

Magritte siempre definía su pintura como “un arte de pensar”. Pensar y hacer pensar sobre la propia pintura y su relación con la realidad era su objetivo constante. En sus imágenes nada es lo que parece. Magritte despliega toda una gama de recursos para frustrar nuestras expectativas y hacer que nos planteemos preguntas sobre lo que estamos viendo.  

La exposición

Nuestra exposición está organizada en secciones temáticas, pero en un orden que sigue la trayectoria de Magritte desde planteamientos casi conceptuales (“Imagen y palabra”) o semi-abstractos (“Figura y fondo”) hacia una investigación a fondo de las convenciones tradicionales de la pintura europea (“Cuadro y ventana”, “Rostro y máscara”) y las posibilidades y los límites del ilusionismo visual (“Mimetismo”, “Megalomanía”). A medida que va creciendo su dominio del oficio pictórico, y sin renunciar a su concepción de una pintura “pensante”, Magritte evoluciona hacia un compromiso cada vez mayor con el lenguaje del realismo figurativo.

Tentativa de lo imposible, 1928. René Magritte
Tentativa de lo imposible, 1928 Óleo sobre lienzo, 116 x 81,1 cm Toyota Municipal Museum of Art, Toyota © René Magritte, VEGAP, Madrid, 2021

Los poderes del mago

Los autorretratos de Magritte se salen de lo habitual en el género. Con ellos Magritte no pretende, como otros pintores, estudiar su propia fisonomía ni menos aun contarnos su vida. Lo que le interesa es presentarnos la figura del artista como mago, dotado de superpoderes. El concepto de mago es aquí deliberadamente ambiguo: ¿se trata de un hechicero capaz de auténticos prodigios o de un prestidigitador con un repertorio de trucos? A diferencia de André Breton y otros surrealistas, Magritte sugiere en sus autorretratos una actitud irónica hacia el mito del genio creador.

La traición de las imágenes. Esto sigue sin ser una pipa, 1952. René Magritte
La traición de las imágenes. Esto sigue sin ser una pipa, 1952 Tinta china sobre papel, 19 x 27 cm. Colección privada, Bélgica. © René Magritte, VEGAP, Madrid, 2021

Imagen y palabra

Durante los años que el pintor vivió en París (1927-1930), en estrecho contacto con el grupo surrealista francés, introdujo en sus cuadros palabras escritas con una caligrafía escolar, palabras que se combinan con imágenes figurativas o las reemplazan. Magritte se inspira en las cartillas escolares, donde cada imagen de un objeto viene acompañada por su nombre; pero en Magritte imágenes y nombres rara vez concuerdan entre sí. La incongruencia entre imágenes y palabras permite poner en cuestión la realidad misma a la que unas y otras se refieren.

En los cuadros más radicales, las palabras aparecen solas, sustituyendo a las imágenes. Las palabras enmarcadas y los contornos biomórficos que las envuelven evocan objetos y cuerpos ausentes, como huellas de imágenes desaparecidas o aun no nacidas. En estas obras alienta la influencia de Miró y su pintura-poesía.

Las relaciones paradójicas entre imágenes y palabras se extienden a la relación entre los cuadros y sus títulos. Los títulos magrittianos están pensados para desorientar y así defender a los cuadros de las interpretaciones banales, igual que los cuadros de Magritte protegen a los objetos que representan: “El arte de pintar, tal como yo lo concibo, representa los objetos de tal manera que resisten a las interpretaciones habituales”.

La alta sociedad, 1965 o 1966. René Magritte
La alta sociedad, 1965 o 1966. Óleo sobre lienzo, 81 x 65 cm. Colección Telefónica © René Magritte, VEGAP, Madrid, 2021

Figura y fondo

Max Ernst declaró una vez que los cuadros de Magritte eran “collages pintados a mano”; aunque el pintor belga sólo realizó un número limitado de collages, la influencia del collage como método compositivo es muy visible en su pintura, especialmente en el periodo 1926-1931, cuando sus cuadros se llenan de planos recortados, horadados o rasgados y de siluetas corpóreas pero planas como decorados de teatro. En estos experimentos descubre Magritte un procedimiento que le acompañará toda su vida: la inversión de figura y fondo, que puede convertir cualquier cuerpo sólido en un hueco, en un agujero a través del cual nos asomamos a un paisaje o simplemente a un pedazo de cielo.

La llave de los campos (La Clef des champs). René Magritte
La llave de los campos, 1936. Óleo sobre lienzo, 80 x 60 cm. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid © René Magritte, VEGAP, Madrid, 2021

Cuadro y ventana

El motivo del cuadro dentro del cuadro, consagrado ya en la pintura antigua, lo utiliza Magritte con una sistemática ambigüedad, haciéndonos dudar de si el cuadro incluido es un cuadro o un marco vacío o un nicho en una pared o una ventana. Desde la invención de la perspectiva en el Renacimiento, el cuadro se ha comparado con una ventana abierta. A veces Magritte asume literalmente esta comparación y la reduce al absurdo. Si entendemos el cuadro como una ventana, parece decir, el cuadro ideal sería completamente transparente, es decir, invisible. La perfección del cuadro consistiría en desvanecerse. Pero Magritte no busca una ausencia súbita y definitiva, sino una desaparición gradual y que nos deje siempre dudando sobre si de verdad estamos viendo lo que creemos ver.

René Magritte. El principio del placer, 1937
El principio del placer, 1937. Óleo sobre lienzo, 73 x 54,5 cm. Colección privada © René Magritte, VEGAP, Madrid, 2021

Rostro y máscara

Otra fuente de enigmas es el rostro, o más bien su cancelación en la figura humana. La figura de espaldas, que nos oculta el rostro, funciona como una especie de representante del espectador dentro de la pintura; nos hace conscientes del acto de mirar. Pero el pintor dispone de otros modos de escamotear el rostro de sus personajes, como taparles la cara con algún objeto colocado ante ella o cubrirles la cabeza con un paño. Así como Magritte suprime el rostro allí donde esperábamos encontrarlo, es decir, en la cabeza humana, otras veces lo proyecta, como una especie de máscara, sobre otras zonas del cuerpo o sobre un objeto cualquiera, o incluso sobre el paisaje.

René Magritte, El pájaro de cielo, 1966
El pájaro de cielo, 1966. Óleo sobre lienzo, 68,5 x 48 cm. Colección privada, cortesía de Di Donna Galleries, Nueva York © René Magritte, VEGAP, Madrid, 2021

Mimetismo

El imaginario magrittiano está dominado, a partir de cierto momento, por los procesos de metamorfosis, basados en dos conceptos clave de la poética magrittiana: la semejanza (ressemblance) y el extrañamiento (dépaysement).

La semejanza no consiste para Magritte en una mera relación de similitud entre dos cosas: “Parecerse es un acto, y es un acto que pertenece sólo al pensamiento. Parecerse es convertirse en la cosa que uno lleva consigo. Por sí solo, el pensamiento puede convertirse en la cosa que lleva consigo”. Magritte está fascinado por el mimetismo, entendido como la tendencia de los seres a camuflarse con su entorno e incluso a disolverse en el espacio. La silueta de un pájaro se llena de cielo, un barco velero adquiere el color y la textura de las olas del mar, la carne de un cuerpo desnudo se vuelve azul para confundirse con el aire. El mimetismo busca la invisibilidad.

Megalomanía

Si el mimetismo encarna la tendencia de un organismo a someterse a su medio y desaparecer en él, en la obra de Magritte existe un movimiento opuesto por el cual el pintor extrae un objeto o cuerpo de su contexto habitual y lo sitúa en un medio extraño, haciéndolo así más visible. Esto es lo que Magritte y otros surrealistas denominan “extrañamiento”.

Delirios de grandeza, 1962. René Magritte
Delirios de grandeza, 1962. Óleo sobre lienzo, 100,3 x 81,3 cm. The Menil Collection, Houston © René Magritte, VEGAP, Madrid, 2021

El frecuente recurso de Magritte al cambio de escala de los objetos familiares responde a esta tendencia antimimética. Inspirándose en las novelas de Lewis Carroll, en las que Alicia crece y mengua hasta una docena de veces, Magritte aumenta el tamaño de los objetos hasta hacerlos insólitos, monstruosos. Agiganta por ejemplo una manzana o una roca hasta llenar todo el espacio de una habitación. Si con el mimetismo el cuerpo era devorado por el espacio, ahora el cuerpo devora el espacio circundante.

Magritte. Fotografías y películas

La exposición se completa con una selección de fotografías y películas domésticas realizadas por el pintor, por cortesía de Ludion Publishers, instalada en la sala de exposiciones de la primera planta.

Lona indicando la ubicación de Magritte. Fotografías y películas

Comisariada por Xavier Canonne y bajo el título de La imagen reveladora, se han reunido fotografías y películas de René Magritte que se descubrieron a mediados de la década de 1970, más de diez años después de la muerte del pintor. Su evaluación y estudio han hecho posible acceder a una especie de álbum de familia, un Magritte informal, al margen de los elementos biográficos exhumados de sus archivos y de los de sus allegados. El descubrimiento permitió examinar la relación que Magritte mantenía con estas "otras imágenes" que ejecutaba o para las que posaba, su afinidad con los medios de la fotografía y del cine, y el papel que el artista les daba en el contexto de su pintura, bien creativa o recreativa.

Breve biografía del artista

Charles Leirens, René Magritte, 1959 Collection of the Musée de la Photographie de Charleroi
Charles Leirens
René Magritte, 1959
Collection of the Musée de la Photographie de Charleroi

René Magritte nació en Lessines, Bélgica, en 1898. El 24 de febrero de 1912 su madre se suicidó arrojándose al río Sambre; el cadáver, recuperado días después, apareció con el camisón cubriéndole la cabeza. Magritte siempre guardó silencio sobre estos hechos.

En 1916 se matriculó en la Academia de Bellas Artes de Bruselas, a cuyas clases asistiría irregularmente. En 1923 descubre una reproducción del cuadro Canto de amor de Giorgio de Chirico, que le deslumbra. Hacia 1924-1925 conoce al escritor Paul Nougé, que se convertirá en su amigo íntimo y mentor y una figura central del grupo surrealista belga. A finales de 1925 pinta sus primeras obras surrealistas bajo la influencia de De Chirico y Max Ernst. En septiembre de 1927 se instala con su mujer, Georgette, en Le Perreux-sur-Marne, en la periferia de París, donde permanecerá hasta 1930; durante este tiempo mantendrá un contacto frecuente con algunos miembros del grupo surrealista parisiense.

En la primavera de 1933 tiene lugar la primera exposición individual de Magritte en el Palais des Beaux-Arts de Bruselas. El 20 de noviembre de 1938 imparte en el Koninklijk Museum voor Schone Kunsten de Amberes la conferencia “La Ligne de vie”, donde se articula su programa artístico. La primera monografía sobre Magritte, escrita por su amigo Louis Scutenaire, se publica en 1947. Entre 1960 y 1961, la artista y crítica americana Suzi Gablik pasa unos meses con los Magritte para preparar un libro sobre el artista que se publicará en 1970.

En diciembre de 1965 se inaugura la gran retrospectiva de René Magritte en el MoMA de Nueva York a cuya inauguración acude el propio artista; en este único viaje del matrimonio Magritte a los Estados Unidos, el pintor visitará la casa de Edgar Allan Poe en el Bronx y viajarán a Houston, donde les reciben los coleccionistas de su obra John y Dominique de Menil. En julio de 1967 se diagnostica a Magritte un cáncer de páncreas avanzado, del que fallecerá el 15 de agosto a la edad de 68 años.

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Magritte, Los valores personales

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