Giovanni Francesco Barbieri (Cento, 1591-Bolonia, 1666), más conocido como “Il Guercino”, fue uno de los artistas más destacados de la pintura barroca del norte de Italia. En esta sala se reúne un selecto conjunto de obras cuyo foco es la representación de la mujer dentro de su producción de temática religiosa

Mujeres anónimas como la samaritana y la adúltera, junto a otras con nombre propio como Salomé, Susana, Dalila y Agar, se convierten en las protagonistas de pinturas que reproducen asuntos altamente populares en el arte barroco italiano y que Guercino abordará a lo largo de toda su carrera. Esta exposición nos brinda la ocasión de estudiar esta temática dentro de la propia evolución del estilo pictórico del artista. Las obras más tempranas, como el lienzo de Susana y los viejos, responden a una tipología inspirada en la contemplación de la naturaleza. Sus composiciones son de factura nerviosa, con claroscuros de gran intensidad, colores pastosos y una enorme plasticidad en las figuras cuyos espontáneos gestos nos hacen partícipes de sus emociones. 

Con posterioridad a un viaje a Roma en 1621, su pintura evolucionará hacia un estilo clasicista que se consolidará tras su traslado definitivo a Bolonia en 1642 y la influencia de la obra de Guido Reni. La obra de Abraham repudia a Agar e Ismael es un testimonio de este lenguaje más idealizado, menos libre en la manera de abordar los pasajes bíblicos. Las composiciones se vuelven equilibradas, los colores más luminosos y los personajes se expresan ahora mediante gestos codificados en lo que se ha llamado la “poética de los afectos”, tan característica de la pintura del Seicento boloñés.

Guercino (Giovanni Francesco Barbieri). Jesús y la adúltera, hacia 1621

Guercino (Giovanni Francesco Barbieri)

Jesús y la mujer adúltera
hacia 1621 
Óleo sobre lienzo. 98,2 x 122,7 cm 
Londres, Dulwich Picture Gallery
© Dulwich Picture Gallery, London

Esta obra temprana, pintada con anterioridad o quizá inmediatamente después de un viaje a Roma, contiene todos los elementos característicos de su primer estilo, como son su capacidad para narrar una historia y su habilidad para acercarnos a los personajes mediante el tratamiento del espacio y de los gestos. Dentro de un marco angosto y claustrofóbico, las figuras de medio cuerpo invaden casi completamente la superficie pictórica. Con un sabio tratamiento de luces y sombras Guercino perfila el tenso diálogo en el que Jesús responde con el solo gesto de su dedo al juego de las manos del fariseo. Junto a ellos, la fragilidad de la figura de la mujer, cabizbaja y en actitud de recogimiento en contraste con la fuerza con la que el soldado la agarra por el brazo consigue despertar la compasión en el espectador. La escena narra el milagro del perdón al que hace referencia el Evangelio de San Juan (Juan 8, 1-11): “Quien esté libre de culpa que tire la primera piedra”.

Guercino (Giovanni Francesco Barbieri). Abraham repudia a Agar e Ismael, 1657

Guercino (Giovanni Francesco Barbieri)

Abraham repudia a Agar e Ismael
1657
Óleo sobre lienzo. 115 x 152 cm 
Milán, Pinacoteca di Brera
© Pinacoteca di Brera, Milano - MiC

Este lienzo fue un encargo de la comunidad de Cento como presente a Lorenzo Imperiali, cardenal legado de Ferrara.

La escena aquí representada narra el momento en el que acuciado por su esposa Sara, Abraham, patriarca de Israel, expulsa de su casa a Agar y al hijo de ambos, Ismael (Génesis 16, 21). Esta obra maestra es la única pintura con este tema bíblico que se conserva de Guercino. Se trata de un magnífico ejemplo de las pinturas de marcado efecto teatral propias del periodo de madurez del artista, caracterizados por el complejo estudio de los gestos mediante los cuales los personajes escenifican un melodrama. Las manos de Abraham indican distanciamiento, mientras que Agar, con lágrimas en los ojos, protege al niño con sus brazos. La representación de los afectos se convierte en el tema central de este lienzo en el que Guercino adopta una composición horizontal a modo de escenario con figuras de medio cuerpo y una paleta de colores muy vibrante, con gran protagonismo del costoso pigmento azul de lapislázuli, muy habitual en su producción durante este periodo. Por otra parte, la atención en la descripción de las refinadas telas recuerda al vestuario de las obras teatrales.

Jesús y la samaritana en el pozo. Guercino

Guercino (Giovanni Francesco Barbieri)

Jesús y la samaritana en el pozo
hacia 1640-1641 
Óleo sobre lienzo. 116 x 156 cm 
Madrid, Museo Nacional Thyssen-Bornemisza

Según el libro de cuentas que se conserva del taller de Guercino, esta sería la primera pintura con este asunto, del que existen otras dos versiones, una en la National Gallery of Canada en Ottawa y otra en la colección del Banco San Geminiano e San Prospero de Módena.

La obra fue pintada para Giuseppe Baroni de Lucca, un conocido coleccionista de la época, y narra el pasaje del Nuevo Testamento en el que Jesús, de camino a Galilea, se acerca a un pozo a descansar y pide de beber a una mujer de Samaria, con la que entabla una conversación en torno al poder purificador del agua de la vida eterna (Juan 4, 1-26). El estilo naturalista de las décadas anteriores da paso durante el periodo de madurez a un lenguaje clasicista y a una paleta de colores más brillantes. Guercino representa una escena fiel a los textos bíblicos, sin las libertades narrativas de su obra temprana. En este lienzo opta por una composición muy equilibrada, con una descripción realista de las telas, los objetos y el paisaje de fondo frente al cual los personajes se expresan mediante miradas y gestos cifrados que en ningún caso se dirigen al espectador.

Guercino (Giovanni Francesco Barbieri). Sansón y Dalila, 1654

Guercino (Giovanni Francesco Barbieri)

Sansón y Dalila
1654 
Óleo sobre lienzo. 176 x 223 cm 
Estrasburgo, Musée des Beaux-Arts
© Musées de la ville de Strasbourg, M. Bertola

Esta pintura fue un encargo de Carlos II Gonzaga-Nevers, duque de Mantua, junto al lienzo de Lot y sus hijas que se encuentra hoy en el museo del Louvre en París. 

Se trata de una obra del periodo de madurez en la que Guercino representa el momento en el que Dalila, conocedora de que la fuerza de Sansón reside en sus cabellos, se dispone a cortarle las trenzas. El pasaje, extraído del Antiguo Testamento (Libro de los Jueces 16, 4-21), inspira esta escena en la que el artista se permite alguna licencia, como el hecho de que sea ella misma, y no un soldado, quien lleve a cabo la acción. Frente a las interpretaciones de Dalila como una nueva Eva que lleva al hombre a la perdición, Guercino la pinta con la apariencia de una guerrera semidesnuda de perfil clásico que cumple con su misión en favor de la salvación de su pueblo. La composición dispuesta a modo de aparato escénico muestra a unos personajes que interpretan su papel en una secuencia lineal en la que se sucederán la acción de Dalila, y la captura de Sansón por parte de los filisteos ocultos tras la columna.

Guercino (Giovanni Francesco Barbieri). Susana y los viejos, 1617

Guercino (Giovanni Francesco Barbieri)

Susana y los viejos
1617 
Óleo sobre lienzo. 176 x 208 cm 
Madrid, Museo Nacional del Prado
© Archivo Fotográfico. Museo del Prado. Madrid

Entre 1617 y 1618 Guercino realizó tres obras para el cardenal Alessandro Ludovisi, arzobispo de la ciudad de Bolonia y futuro papa Gregorio XV: El retorno del hijo pródigo (Galleria Sabauda, Turín), Lot y sus hijas (Monasterio del Escorial), y esta Susana y los viejos

El lienzo es un sublime ejemplo del naturalismo de su época temprana y narra un momento de gran tensión recogido en el Antiguo Testamento (Libro de Daniel, 13) en el que los ancianos jueces observan libidinosos a Susana, quien calma el calor bañándose en una fuente de su casa. Guercino ha destacado su figura con un desnudo de corte clásico, envuelta en una luz nacarada que contrasta con la oscuridad de un cielo casi nocturno y con una densa vegetación de tonalidad terrosa y plomiza. El sabio planteamiento compositivo nos convierte en voyeurs de esta escena de acoso, expresado mediante el juego de gestos de los jueces que apela directamente al espectador y que desvía nuestra mirada hacia la figura de Susana, cuya inocencia está simbolizada por las azucenas y el paño blanco con el que cubre parte de su cuerpo.

Guercino (Giovanni Francesco Barbieri). Salomé recibe la cabeza de San Juan Bautista, 1637

Guercino (Giovanni Francesco Barbieri)

Salomé recibe la cabeza de San Juan Bautista
1637 
Óleo sobre lienzo. 139 x 175 cm 
Musée du Louvre, en dépôt au musée des Beaux-Arts de Rennes depuis 1955
© Musée du Louvre, en dépot au musée des Beaux-Arts de Rennes depuis 1955

Lodovico Mastri, marchante de arte y amigo de Guercino, habría sido el comitente original de esta obra que, sin embargo, fue cedida más tarde a Francisco I, duque de Módena, quien había expresado a Barbieri su deseo de adquirirla. 

La escena se inspira en un pasaje del Nuevo Testamento (Mateo 14, 3-11 o Marcos 6, 17-29) y plasma el momento en el que el verdugo deposita la cabeza de san Juan Bautista en la bandeja que sostiene Salomé antes de entregarla a su madre, Herodías. El artista aborda el tema de forma novedosa y representa una figura femenina junto a Salomé que no se menciona en la narración bíblica. Respecto a sus obras tempranas, Guercino ha dotado de más espacio a esta composición, en la que los personajes están inmersos en un claroscuro menos intenso y en la que la paleta cromática ha ganado en claridad. Una tensa calma envuelve a una Salomé arrepentida, lejos de la personificación del pecado que se le atribuye en otras pinturas con el mismo asunto. 

Se conservan algunos dibujos preparatorios de las figuras femeninas en relación con este lienzo pertenecientes a la Royal Collection en el Castillo de Windsor.

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