Entre estos placeres ocupa un lugar especial la música, que aparece en las telas de artistas como el boloñés Giuseppe Maria Crespi, para mostrar el gusto refinado del retratado, o en las de Johan Zoffany, para alegrar una fiesta familiar. Música, poesía, cortejo amoroso y teatro, todo al aire libre, es la opción de Jean-Antoine Watteau para su reunión en el jardín. Otra distracción extendida y representada es la del juego, presente en el itinerario con una singular partida de cartas de la mano de Lucas van Leyden. Las tabernas y su entorno fueron también un tema atractivo para los artistas; David Teniers II nos acerca al placer de fumar en pipa y de compartir el momento en compañía.

El rigor del invierno no es una excusa para los personajes de la pintura de Jan Josephsz. van Goyen que hacen del río helado la atracción para sus trineos y patines; tampoco lo es el calor para los jóvenes de Jean-Honoré Fragonard que han encontrado en la espesura del boscaje la rama de un árbol que se transforma en el instrumento perfecto para columpiarse, volar y pasar una emocionante jornada campestre. El tiempo libre también se emplea en actividades culturales que estimulan los sentidos a través de las obras de arte, como se aprecia en el óleo de Pieter Hendricksz. de Hooch. También esos momentos de ocio se aprovechan para atender los asuntos amorosos, como muestra la pintura de François Clouet aquí propuesta, o se ocupan en una travesura sin trascendencia que ayuda a sobrellevar el tedio de una tarde cualquiera, como nos transmite el óleo de Pietro Longhi.

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